domingo, 3 de agosto de 2014

LA ABEJA HARAGANA (HORACIO QUIROGA)

Estamos leyendo "Cuentos de la selva" de Horacio Quiroga
(1879-1937)



LA ABEJA HARAGANA
(Cuentos de la selva, 1918)


         Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.
         Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.
         Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos al rozar contra la puerta de la colmena.
         Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:
         —Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.
         La abejita contestó:
         —Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.
         —No es cuestión de que te canses mucho —respondieron—, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.
         Y diciendo así la dejaron pasar.
         Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:
         —Hay que trabajar, hermana.
         Y ella respondió en seguida:
         —¡Uno de estos días lo voy a hacer!
         —No es cuestión de que lo hagas uno de estos días —le respondieron—, sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.
         Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:
          —¡Si, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!
         —No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido —le respondieron—, sino de que trabajes. Hoy es diecinueve de abril. Pues bien: trata de que mañana veinte, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.
         Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.
         Pero el veinte de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.
         La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.
         —¡No se entra! —le dijeron fríamente.
         —¡Yo quiero entrar! —clamó la abejita—. Esta es mi colmena.
         —Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras le contestaron las otras—. No hay entrada para las haraganas.
         —¡Mañana sin falta voy a trabajar! —insistió la abejita.
         —No hay mañana para las que no trabajan— respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

         Y diciendo esto la empujaron afuera.
         La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.
         Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.
         —¡Ay, mi Dios! —clamó la desamparada—. Va a llover, y me voy a morir de frío. Y tentó entrar en la colmena.
          Pero de nuevo le cerraron el paso.
         —¡Perdón! —gimió la abeja—. ¡Déjenme entrar!
         —Ya es tarde —le respondieron.
         —¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!
         —Es más tarde aún.
         —¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!
         —Imposible.
         —¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:
         —No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.
         Y la echaron.
        
  Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.
         Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.
         En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacia tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.
         Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por eso la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:
         —¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.
         Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo: —¿qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.
         —Es cierto —murmuró la abeja—. No trabajo, y yo tengo la culpa.
         —Siendo así —agregó la culebra, burlona—, voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.
         La abeja, temblando, exclamo entonces: —¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.


         —¡Ah, ah! —exclamó la culebra, enroscándose ligero —. ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes son más justos, grandísima tonta?
         —No, no es por eso que nos quitan la miel —respondió la abeja.
         —¿Y por qué, entonces?
         —Porque son más inteligentes.
         Así dijo la abejita. Pero la culebra se echó a reír, exclamando:
         —¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer, apróntate.
         Y se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:
         —Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.
         —¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? —se rió la culebra.
         —Así es —afirmó la abeja.
         —Pues bien —dijo la culebra—, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.
         —¿Y si gano yo? —preguntó la abejita.
         —Si ganas tú —repuso su enemiga—, tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?
         —Aceptado —contestó la abeja.
         La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:
         Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra.
         Los muchachos hacen bailar como trompos esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.
         —Esto es lo que voy a hacer —dijo la culebra—. ¡Fíjate bien, atención!
         Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.
         La culebra se reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

 

         —Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.
         —Entonces, te como —exclamó la culebra.
         —¡Un momento! Yo no puedo hacer eso: pero hago una cosa que nadie hace.
         —¿Qué es eso?
         —Desaparecer.
         —¿Cómo? —exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa—. ¿Desaparecer sin salir de aquí?
         —Sin salir de aquí.
         —¿Y sin esconderte en la tierra?
         —Sin esconderme en la tierra.
         —Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida — dijo la culebra.
         El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda de dos centavos.
         La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:
         —Ahora me toca a mi, señora culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres", búsqueme por todas partes, ¡ya no estaré más!
         Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente:"uno..., dos..., tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie. Miró arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido.
         La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho?, ¿dónde estaba?
         No había modo de hallarla.
         —¡Bueno! —exclamó por fin—. Me doy por vencida. ¿Dónde estás?
         Una voz que apenas se oía —la voz de la abejita— salió del medio de la cueva.
         —¿No me vas a hacer nada? —dijo la voz—. ¿Puedo contar con tu juramento?
         —Sí —respondió la culebra—. Te lo juro. ¿Dónde estás?
         —Aquí —respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.
         ¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también aquí en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraran, ocultando completamente al insecto.
         La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida.
         La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.
         Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared más alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río adentro.
         Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.
         Nunca, jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior, durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calentita, y lloraba entonces en silencio.
         Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.
         Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:

 


         —No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez de mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, sí hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche. Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos —la felicidad de todos— es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

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48 comentarios:

  1. Muy lindo el cuento, me gustó la historia y nos deja la moraleja: "Nunca debemos ser haraganes, tenemos que trabajar siempre porque luego tendremos una recompensa, aunque no sea material."

    Espero que podamos seguir leyendo esta clase de cuentos en clase
    Saludos. Bautista Prioletta

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  2. Me encanto el cuento y la moraleja que me dejó es que: "No debemos ser haraganes o tener momentos de ocio ya que si trabajamos luego recibiremos una recompensa, a lo mejor no es material sino que sentimental.

    VALENTINA GARAVELLI.

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  3. Me encanto el cuento y la moraleja que me dejó es que: "No debemos ser haraganes o tener momentos de ocio ya que si trabajamos luego recibiremos una recompensa, a lo mejor no es material sino que sentimental.

    VALENTINA GARAVELLI.

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  4. Bueno, la moraleja que me dejó el cuento es: "No es nuestra inteligencia lo que nos hace fuerte, si no que trabajando y ayudando a los demás, nos hace fuertes".

    Valentina Osés...

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  5. Moraleja: “tienes que trabajar para tener comida y un lugar en el que puedas vivir.

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    1. Moraleja: “tienes que trabajar para tener comida y un lugar en el que puedas vivir.
      Rocio Sclausero.

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    2. Me gustó el cuento y la moraleja que me dejó es:"Solo con el esfuerzo trabajo se logra alcanzar todos nuestros deseos". Guadalupe Bortolussi

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  6. MORALEJA: siempre debes trabajar para conseguir la felicidad, porque “la felicidad de todos es superior a la fatiga de cada uno”, es decir, que es mucho más importante trabajar para hacer un bien colectivo que el propio cansancio individual.
    -
    Alexandra Lattanzi ♪♫

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  7. Este cuente me gustó mucho. La moraleja es que "La inteligencia nos puede salvar la vida, también hay que trabajar para tener comida y un lugar para vivir".
    Saludos Valentino Pettiti

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  8. La moraleja de este cuento es que: "Hay que trabajar para conseguir lo esencial"
    -
    Lucía Carnero

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  9. la moraleja que me dejo este cuento es que "TRABAJANDO SE PUEDE TENER MAS DE LO PENSADO"
    Milagros Albornoz

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  10. Me encantó el cuento y la moraleja que me dejó el cuento es que no hay que abusar del trabajo de los demás y hay que trabajar con mucho esfuerzo y dedicación para conseguir en este caso de la abeja haragana el descanso.
    -
    Valentina Gómez Pérez

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  11. Me gustó mucho el cuento y la moraleja que nos dejó es "Trabajando es como podemos llegar a nuestros objetivos, y la felicidad de todos es muy superior a la fatiga de cada uno"

    -Lucero Carballo

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  12. MORALEJA: "trabajando todos unidos y no siendo haraganes nos encontramos con mejores resultados" como la abeja que se dio cuenta que no era tan solo la inteligencia sino el trabajo
    Juliana Ríos

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  13. Moraleja: " Tenemos que trabajar, para conseguir lo que deseamos, si se es haragán en un principio, o en un futuro se obtendrán malas consecuencias. Hay que ir por el bien de todos."
    -María Luz Reynoso Menem.

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  14. El cuento me gusto mucho.La moraleja es que: "Trabajando se puede lograr lo deseado".
    Macarena Yantorno.

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  15. El cuento me gustó mucho y me enseñó una moraleja importante: "Todo se consigue trabajando con esfuerzo, sacrificio y dedicación. Nadie te regala nada en la vida, lo tenes que conseguir por tu cuenta."
    -
    Camila Benencio ♫♫

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  16. Angelina Caballero:34 de agosto de 2014, 13:49

    Moraleja:"Si trabajamos juntos conseguiremos lo que deseamos mas rápido y con mejores resultados.Hay que ir por el bien de los demás y nuestro también,no hay que ser haragán dejando que los demás hagan las cosas por mi,si no yo ser quien tenga el valor de realizar las actividades que me pueden veneficiar a mi.Ademas podemos recibir una recompensa por haber hecho tal cosa."

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  17. El cuento me encantó y me dejó una moraleja muy bonita: "Esforzándote podes conseguir grandes logros en tu vida, ser haragán lo único que conseguís son problemas".
    -
    Valentina Dalmasso Fusco ♥♥

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  18. Me gustó el cuento y la moraleja que me dejó es:"Solo con el esfuerzo trabajo se logra alcanzar todos nuestros deseos". Guadalupe Bortolussi

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  19. Me encanto' La moraleja es que:"Con el esfuerzo, el trabajo, la perseverancia, constancia, fuerza de voluntad se logran muchas cosas y sobre todo no hay que aprovecharse de los demas".Victorio Ferrucci

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  20. Estuvo entretenido y la moraleja que me dejo fue: Es mejor usar la inteligencia antes que la fuerza

    Santino Rosso

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  21. "Con el esfuerzo de nuestros trabajos se pueden alcanzar nuestros deseos"

    Salvador Bertazzo

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  22. No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes.
    La felicidad de todos es muy superior a la fatiga de cada uno.
    Me encanto el cuento
    Lucía Gonzalez

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  23. A mi me gusto este cuento.. La moraleja para mi es: "Mejor es trabajar en grupo que trabajar solo"
    Karen Olmos

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  24. Me encantan los cuentos de Horacio Quiroga ... la moraleja que me dejo es que trabajando con esfuerzo y dedicación se pueden conseguir grandes cosas...

    Alejo Spizzamiglio :)

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  25. Son muy bonitos... "Trabajar en equipo es mejor que trabajar solo"

    Tomás Gastaldi

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  26. La abeja tuvo que pasar por una situación incómoda para aprender a valorar el esfuerzo y el trabajo.
    Me gustó el cuento y me pareció entretenido.

    Mateo Allemandi

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  27. Muy bueno me encantó.Me enseño que con el trabajo se pueden ganar grandes cosas
    Tomás Escribano

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  28. La moraleja que me quedó fue:
    Que al trabajar en equipo trae muchos beneficios.
    Bautista Pastori.

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  29. Al leer el final de este bello cuento de Horacio Quiroga se me viene a la cabeza la frase
    -Dar para recibir-. La verdad que muy linda la historia, esta nos deja una moraleja que podemos aplicar en la vida cotidiana -En equipo es más fácil- , -hay que ayudar para un buen fin de nuestros esfuerzos-
    Saludos.
    - Rita Barale Tejerina <3

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  30. Muy lindo, me encantó. Este cuento me enseño una moraleja muy importante: Todo en equipo es mucho más fácil y se obtienen resultados muy buenos.
    Saludos.
    -Paloma Brizuela Nuñez.

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  31. Me gusto mucho...Este cuento te enseña que con el trabajo te podes ganar buenas cosas y que tenes que escuchar a los demás cuando te aconsejan algo!!!

    -Virginia Lorenzati...

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  32. Me encanto!Me enseño que trabajando se pueden lograr grandes cosas! Saludos, y me gusto mucho el cuento!

    Francina Rodriguez

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  33. Me Gusto Mucho el Cuento me gusto la moraleja que es "para ganarse lo que uno tiene debe poner un esfuerzo para lograrlo"


    -Joaquín Llonga

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  34. Este cuento nos deja una enseñanza muy importante:
    No hay que aprovecharse de los demás por que después tendrás tu recompensa...
    Me encanto!:)
    Rocio Milanovsky☺

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  35. Me gusto mucho el cuento y nos deja a todos una gran enseñanza, con esfuerzo y trabajo en equipo se pueden obtener grandes resultados...

    -Valentina Sosa-

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  36. Me encanto el cuento y su enseñanza, debemos trabajar y esforzarnos para conseguír lo que queremos y haciéndolo en equipo podemos conseguir buenos resultados.

    JAZMIN GONZALEZ.

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  37. Me parecio muy bueno el cuento ya que te deja la enseñanza de que hay cosas que se pueden hacer por cuenta propia y otras cosas en la que estamos unidos en equipo .
    Siendo asi todos pueden conseguir buenos resultados y beneficios .
    Martina Zarate

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  38. Me pareció muy buen relato. La moraleja es muy interesante:" Para conseguir lo que quieres, tienes que trabajar para lograrlo"

    -Santiago Capell

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  39. que bueno que esta me encanta me encanta! me gusta lo que deja si luchas consigues lo que quieres!!!
    -María Lucía Bustos-

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  40. Me encanto el cuento. La moraleja que me dejo fue que debemos trabajar para conseguir lo que deseamos, y que no debo aprovecharme de los demás sino ayudarnos unos a otros para lograr mejores resultados.
    Agostina Paludi

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  41. me encanto , me gusto mucho la moraleja !! y también me dejo que todo con trabajo se puede! (profe no pude comentar a tiempo por que la compu estaba en arreglo!)
    Candelaria Tello

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  42. me gusto mucho el cuento .. y la moraleja me ayudo mucho
    -TATIANA INOSTROZA

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  43. Muy buena la moraleja, porque si querés ganar las cosas, un esfuerzo debes poner.

    Francisco Prigioni

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  44. Me encanto el cuento y su enseñanza. La moraleja es que si todos colaboramos el esfuerzo es mucho menor y así poder disfrutar mucho más la vida.

    PAULA ROCCIA

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  45. El cuento por parte me gusto y por parte no porque si es una colmena me parece que todas las abejas tienen que colaborar y no que una se guarde la miel para ella sola ya que todas la necesitan para vivir. También me gusto por su moraleja porque , si todas ponen un poco de esfuerzo van a tener buenos beneficios.

    MARTINA ZARATE

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  46. no me gusto por un lado,porque me párese que todas las abejas necesitan trabajar para comer la miel necesaria y no que una única abeja se guarde todo y por otro lado me gusto porque lo que me dejo de aprendizaje fue que debemos trabajar para conseguir lo que deseamos, y que no debo aprovecharme de los demás sino ayudarnos unos a otros para lograr mejores resultados.!

    María Lucía Bustos!!!

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